Lavado de cara
De cuando el edificio del museo Guggenheim de Bilbao era la nueva cara de la ciudad: Disfraz de modernidad que ya no nos hemos quitado.
El edificio da para mucho. En este caso, la parte superior me parecía una cara femenina en un sentido, y una masculina al darle la vuelta.
Pensé que sería una metáfora simpática, pero los del jurado, -con esa gravedad con la que uno se los imagina-, debían estar hasta el gorro de ver Guggis
por todas partes, y prefirieron elegir una mierda.